¿Testosterona baja o marketing? La moda del 'low T'
“¿Cansado, sin energía, con menos libido? Podría ser testosterona baja.” El mensaje aparece en anuncios de clínicas antiedad, en cuentas de fitness y en consultorios que prometen recuperar la “vitalidad” con una inyección. La terapia de reemplazo de testosterona dejó de ser un tratamiento de nicho para volverse un producto de consumo dirigido a hombres jóvenes y de mediana edad. El problema es que la frontera entre indicación médica y marketing se volvió borrosa, y eso tiene consecuencias clínicas reales.
Qué es la testosterona baja de verdad
El hipogonadismo masculino es la condición en la que el cuerpo no produce suficiente testosterona. Pero el diagnóstico no se hace con un solo síntoma ni con una sola medición. La guía de práctica clínica de la Endocrine Society, publicada en 2018, es explícita: solo debe diagnosticarse en hombres con signos y síntomas compatibles con deficiencia de testosterona y con concentraciones séricas baja de forma inequívoca y consistente.
Cada palabra importa. “Inequívoca” significa que la medición debe estar claramente por debajo del rango de referencia. “Consistente” significa que se confirma en más de una prueba, tomada en ayuno y por la mañana, cuando la testosterona alcanza su pico natural. Una medición aislada que sale algo baja no basta para etiquetar a alguien como hipogonádico ni para iniciar un tratamiento de por vida.
Aquí está el primer hueco que explota el marketing: síntomas como el cansancio, la baja libido o el mal humor son inespecíficos. Pueden deberse a falta de sueño, estrés, depresión, sobrepeso o decenas de causas que no son hormonales. Atribuirlos automáticamente a la testosterona es cómodo para quien vende la solución.
Testosterona no es lo mismo que esteroides
Conviene aclarar una confusión frecuente. La terapia de reemplazo busca llevar la testosterona a niveles fisiológicos normales en alguien que tiene un déficit. El abuso de esteroides anabólicos, en cambio, persigue niveles muy por encima de lo normal para ganar masa muscular. Son objetivos y dosis distintos, aunque a veces compartan la misma sustancia y el mismo proveedor informal.
El punto clínico es el mismo en ambos casos: introducir testosterona desde fuera tiene efectos sobre todo el sistema hormonal, no solo sobre el músculo o la energía.
Conviene además entender por qué tantos hombres se reconocen en el anuncio. La testosterona sí desciende de forma natural con la edad, de manera gradual y modesta, a partir de los 30 o 40 años. Pero ese declive fisiológico no es lo mismo que el hipogonadismo, así como las canas no son una enfermedad de la sangre. Confundir el envejecimiento normal con un déficit patológico es, precisamente, el terreno donde la “medicina antiedad” construye su mercado: convierte un proceso natural en un problema que vende su propia solución.
Los riesgos que el anuncio no menciona
Cuando se administra testosterona externa, el cuerpo reduce la producción de las hormonas que estimulan los testículos (LH y FSH). La consecuencia directa es una caída en la producción de espermatozoides, que puede llevar a oligospermia o azoospermia, es decir, a infertilidad. Para un hombre joven que quiere tener hijos, este efecto es especialmente relevante y muchas veces se omite en la consulta de venta.
A eso se suman la atrofia testicular, el acné, la ginecomastia (crecimiento de tejido mamario) y cambios de ánimo. Uno de los riesgos más serios es la policitemia: un aumento excesivo de glóbulos rojos que espesa la sangre y eleva el riesgo de coágulos, con la amenaza de trombosis, embolia pulmonar o accidente cerebrovascular. Por eso la TRT bien llevada exige monitoreo periódico de laboratorio, no solo la receta inicial.
En 2025, la agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos (FDA) actualizó el etiquetado de los productos de testosterona: retiró el lenguaje de advertencia cardiovascular general que existía, pero añadió una advertencia sobre aumento de la presión arterial. Es un matiz importante que rara vez llega al paciente: el riesgo cambió de forma, no desapareció.
Qué significa esto para México
En México proliferan las clínicas privadas de “medicina antiedad”, andrología y bienestar masculino que ofrecen testosterona con una evaluación mínima, a veces a partir de un cuestionario y una sola prueba de sangre. El modelo de negocio tiene un conflicto de interés evidente: quien diagnostica es quien vende el tratamiento y el seguimiento.
Esto no significa que la TRT sea un fraude. Para un hombre con hipogonadismo genuino y confirmado, la terapia mejora la calidad de vida, la composición corporal y la función sexual, y es un tratamiento legítimo. El problema es el sobrediagnóstico: tratar como enfermedad hormonal lo que muchas veces es el efecto acumulado del sedentarismo, el mal dormir o el estrés, y hacerlo con un medicamento que tiene riesgos reales.
La salud masculina merece atención seria, no un embudo de venta. Y atención seria implica descartar primero las causas más probables antes de saltar a la hormona.
Hay además un componente cultural que conviene nombrar. El discurso del “low T” se mezcla con ideas sobre masculinidad, productividad y rendimiento que presionan a muchos hombres a buscar una solución rápida en lugar de revisar sus hábitos. Es más fácil aceptar que “el problema es hormonal” que reconocer que se duerme mal, se vive estresado o no se hace ejercicio. La testosterona inyectable se vende, en parte, como un atajo para esa incomodidad. Pero ningún fármaco corrige un estilo de vida, y los riesgos de tomarlo sin necesidad son reales y, en el caso de la fertilidad, a veces difíciles de revertir.
Antes de aceptar la inyección
Si una clínica propone iniciar testosterona, hay tres preguntas que conviene hacer antes de firmar nada: ¿se confirmó el nivel bajo con al menos dos mediciones matutinas en ayuno?, ¿se descartaron otras causas de los síntomas?, y ¿qué plan de monitoreo de glóbulos rojos, presión y fertilidad se va a seguir? Si la respuesta a cualquiera de las tres es vaga, lo que están vendiendo probablemente sea más marketing que medicina.
Fuentes
- Bhasin, S., Brito, J. P., Cunningham, G. R., Hayes, F. J., Hodis, H. N., Matsumoto, A. M., … Yialamas, M. A. (2018). Testosterone therapy in men with hypogonadism: An Endocrine Society clinical practice guideline. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 103(5), 1715–1744. https://doi.org/10.1210/jc.2018-00229
- U.S. Food and Drug Administration. (2025). Testosterone products: labeling changes on blood pressure and cardiovascular safety. https://www.fda.gov/drugs
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Infertility. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/infertility
- Endocrine Society. (2018). Experts issue recommendations to improve testosterone prescribing practices. https://www.endocrine.org/news-and-advocacy/news-room/2018/experts-issue-recommendations-to-improve-testosterone-prescribing-practices