Pulso Urbano

El agua que le debemos a Texas y la sequía que viene

Presa El Cuchillo con bajo nivel de agua y tierra agrietada expuesta bajo cielo despejado
Presa El Cuchillo con bajo nivel de agua y tierra agrietada expuesta bajo cielo despejado

Quien vivió en Monterrey el verano de 2022 no olvida las llaves secas, las pipas asediadas y la palabra “Día Cero” en boca de todos. Cuatro años después, la amenaza no se fue: solo cambió de forma. A principios de 2026, la presa El Cuchillo (principal fuente de abasto del área metropolitana) perdió cerca de 150 millones de metros cúbicos de agua. Esa cantidad equivale a casi cuatro meses de consumo de toda la zona metropolitana. Y una parte se fue no por la sequía, sino por una deuda.

El tratado del que casi nadie habla

En 1944, México y Estados Unidos firmaron un tratado para repartir el agua de los ríos que comparten. El acuerdo obliga a México a entregar, en ciclos de cinco años, un volumen determinado de agua de la cuenca del río Bravo hacia el lado estadounidense. Cuando México se atrasa en esos pagos, la presión diplomática crece, sobre todo desde Texas, y el gobierno federal debe liberar agua de presas del noreste para cumplir.

Ahí entra El Cuchillo. Parte del agua que perdió la presa salió para abonar a ese compromiso binacional. El resultado es una paradoja difícil de explicarle al regiomontano que cuida cada cubetazo: la ciudad que apenas sobrevivió a una sequía histórica entrega agua para saldar una deuda internacional.

Esto no convierte al tratado en el villano. El acuerdo de 1944 también garantiza agua que México recibe del río Colorado para los estados del noroeste, así que el intercambio corre en ambos sentidos. El conflicto aparece cuando la sequía reduce lo disponible al mismo tiempo que el calendario de pagos sigue corriendo: el agua que sale para Texas es agua que no se queda en la cuenca para la ciudad. La política internacional y la llave de tu casa terminan conectadas por la misma tubería.

Qué se construyó después de 2022

Aquel verano de 2022 dejó una lección que conviene no olvidar: durante semanas, colonias enteras recibieron agua solo unas horas al día bajo un esquema de tandeo, y la imagen de presas como La Boca prácticamente secas dio la vuelta al país. La crisis forzó una respuesta. La Comisión Nacional del Agua (Conagua), junto con el gobierno estatal, levantó en aproximadamente un año el acueducto El Cuchillo II, una obra con una inversión superior a los 14 mil millones de pesos, de los cuales más de 7,750 millones fueron aportación federal. La obra mejoró la capacidad de traer agua hacia la mancha urbana y alejó, por un tiempo, el fantasma del desabasto.

Pero una tubería más grande no crea agua nueva. La propia Conagua advierte que, pese a El Cuchillo II y a los sistemas existentes, la disponibilidad sigue siendo insuficiente frente al crecimiento de la población y la reducción de los escurrimientos por la sequía. En sus términos: no es posible satisfacer la demanda que se requiere, y en los próximos años estará aún más comprometida.

La cuenta que no cierra

El problema de fondo es de aritmética, y no cuadra. Por un lado, una metrópoli que crece y que, con el auge del nearshoring (la relocalización de fábricas que llegó con fuerza al estado), suma industria sedienta de agua. Por otro, lluvias cada vez más erráticas y un compromiso internacional que se paga, literalmente, en metros cúbicos.

Y esa industria no es un actor menor. Nuevo León se consolidó como uno de los principales destinos de inversión del país justamente por su cercanía con Estados Unidos, y muchos de esos procesos productivos consumen agua de forma intensiva. La misma agua que se promociona como ventaja para atraer capital es la que escasea para la ciudad. Crecer en empleo e inversión sin un plan hídrico a la altura es construir sobre un recurso que ya está al límite.

La solución que el gobierno federal ha puesto sobre la mesa es traer agua desde el río Pánuco, en la Huasteca, a cientos de kilómetros. Es una megaobra cara y de largo plazo. El dato que conviene retener: esos proyectos no quedaron presupuestados ni en 2025 ni en 2026. Es decir, la promesa existe, pero el dinero para construirla todavía no aparece en el papel.

Mientras tanto, la estrategia descansa en infraestructura ya construida y en que las lluvias acompañen. Es una apuesta, no un plan resuelto.

El reparto interno tampoco ayuda a que la cuenta cuadre. En el noreste del país, buena parte del agua de las cuencas se destina al riego agrícola, no al consumo de las ciudades. Cuando se discute el desabasto urbano, suele señalarse al ciudadano (su regadera, su auto lavado, su jardín), pero el grueso del uso ocurre aguas arriba, en sectores con reglas y concesiones propias. El Colegio de la Frontera Norte ha documentado que los desafíos del agua en Nuevo León son tanto de disponibilidad física como de gestión y prioridades: la pregunta no es únicamente cuánta agua hay, sino cómo y para quién se reparte. Reducir el problema a la conducta doméstica es cómodo, pero esconde la parte más grande de la ecuación.

Qué significa esto para Nuevo León

Para el estudiante o el trabajador que vive el día a día en el área metropolitana, esto se traduce en algo concreto: el riesgo de otra crisis hídrica no se eliminó, se administró. El abasto depende de variables que la ciudad no controla, desde el clima hasta una mesa de negociación entre dos países.

Vale la pena vigilar tres cosas en los próximos meses. Primero, los niveles de las presas que reportan Conagua y Agua y Drenaje de Monterrey, sobre todo al cierre de la temporada de lluvias del verano. Segundo, si el proyecto del Pánuco (u otra fuente de gran escala) consigue presupuesto real y no solo anuncios. Tercero, cómo se distribuye el sacrificio cuando vuelva a faltar: si los recortes recaen otra vez sobre los hogares mientras los grandes consumos quedan intactos, el problema dejará de ser técnico para volverse político. Sin agua nueva en el sistema, cada ciclo de sequía vuelve a poner a la metrópoli en el filo.

Como ciudadano, hay una herramienta concreta a la mano: exigir transparencia en los datos. Los niveles de presas, los volúmenes entregados a Estados Unidos y las concesiones industriales y agrícolas son información pública que permite pasar del reclamo a la pregunta precisa. Cuidar el consumo doméstico sigue siendo válido, pero presionar para que el reparto del agua se decida con datos abiertos (y no a puerta cerrada) es donde un usuario informado tiene más peso real.

La pregunta incómoda queda abierta: cuando compiten por el agua la ciudad, la industria que atrae inversión y un tratado internacional, ¿quién decide el orden de prioridad, y con qué información lo sabremos los que abrimos la llave cada mañana?

Fuentes

  1. MVS Noticias. (2026, 23 de febrero). Nuevo León paga la deuda hídrica con Texas: El Cuchillo pierde agua para 4 meses mientras Tamaulipas. https://mvsnoticias.com/nuevo-leon/2026/2/23/nuevo-leon-paga-la-deuda-hidrica-con-texas-el-cuchillo-pierde-agua-para-meses-mientras-tamaulipas-731367.html
  2. Comisión Nacional del Agua. (s.f.). Con la construcción del acueducto El Cuchillo II, el Gobierno de México atiende el abasto de agua potable a la ZMM. Gobierno de México. https://www.gob.mx/conagua/prensa/con-la-construccion-del-acueducto-el-cuchillo-ii-el-gobierno-de-mexico-atiende-el-abasto-de-agua-potable-a-la-zmm
  3. El Colegio de la Frontera Norte. (s.f.). Los desafíos en torno al agua en Nuevo León. https://www.colef.mx/noticia/los-desafios-en-torno-al-agua-en-nuevo-leon/

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